domingo, 24 de mayo de 2015

GUIJARRO A GUIJARRO (soneto en verso blanco)

El río, con su nervio arrollador,
pule cada guijarro con esmero,
y así, como las aguas de ese río,
voy puliendo los mapas de tu piel.

Te recorro lamiendo las heridas,
soy la fiera sumisa a tus blasones
que adquiere voluntad de predadora.
Avanzo con el viento hinchando velas

de un festín de lupino plenilunio,
y así voy caminando con mis labios
los paisajes ignotos de tu cuerpo.

Desconozco mis propias cualidades,
solo sé que lo único valioso
es lo que nos impulsa a caminar.

(Mayte Dalianegra)



Pintura: “Young shaman at the canyon” (Joven chamán en el cañón), 2010,  Brandon Kralik


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jueves, 14 de mayo de 2015

ME LLENAS LA BOCA DE FLORES


Me llenas la boca de flores
cada vez que me besas,
los oídos y las pupilas
cada vez que pronuncias
o escribes mi nombre,
y la piel incluso cuando sientes mi ausencia
y con firmeza trazas en el aire
el perfil de mi rostro,
como si tus yemas fuesen ojos de memoria
fotográfica y supiesen la distancia
que media entre mis sienes.

Me llenas la vida de amor por ella
llevándome abrazada a tu pecho de gorrión
y elevándome en vuelo
por encima de las nubes,
alejándome de las alimañas
hambrientas de hastío
que se agazapan entre los muros
de grises perennes.

Celoso guardián de las tristezas,
las recluyes bajo cerrojos de sol
y disgregas los azules de sus alquimias letales:
a un lado, el mercurio, pesado y mortífero,
que azoga esos tonos
en espejos de escarcha;
al otro, un límpido azul celeste,
un azul de primaveras y veranos
que induzca
a la omisión de otras estaciones,
a que la fugacidad no sea un eje
y el tiempo se dilate en la flor del cerezo.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Le chevalier aux fleurs” (El caballero de las flores), 1894, Georges Rochegrosse, Musée d'Orsay, París


domingo, 3 de mayo de 2015

AÑOS Y AÑOS


A Nélida Rodríguez Mayo

Hace años que te fuiste,
años de estrellas apagadas en tus ojos,
de estrellas que ahora son topacios turbios,
años de horizontes difusos, desdibujados,
sangrando su luz violeta
sobre la comisura de una lágrima.
Años de huecos
donde cabe, como un puño menudo,
la memoria de tu risa,
que era un arroyo temprano de primavera
con su tibieza, un ruiseñor
gorjeando en la enramada.

Años que son arrugas de tiempo, pliegues
en la cuenca del aire,
grietas donde el viento asienta un gemido
con forma de silencio.

Hace años que te fuiste,
años que van morigerando mis pesares
relativizados en la cúpula grisácea
de un asterisco en el calendario.
Años de recuerdos desvaídos como los colores
de mi infancia, de lluvias melancólicas
que lavan el trigo
que el sol había forjado con su metal precioso,
de redenciones que siembran el mar
con el fuego que palpita en el crepúsculo.

Años en que mi boca te llama repitiendo tu nombre
en el seco tañido de una campana,
años y años
de ausencias,
de cicatrices que un látigo grabó sobre la niebla.

Años y años embalsamados,
enmascarando el pertinaz efluvio de la nostalgia
con un fragor de cálices y corolas.
Años y años, dulce madre mía,
con tu cuerpo de espigas y uvas
ofrendado a la tierra.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Winding the skein” (devanando la madeja), 1878, Frederic Leighton
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