sábado, 18 de noviembre de 2017

COSTUMBRE


El polvo del camino 
está acostumbrado
a los perros flacos que vagabundean,
a los niños huérfanos  —de todo— que regresan 
a la humildad de sus hogares 
abrazados 
a pequeños tesoros,
a juguetes rotos e inservibles
hallados con tesón en los vertederos.

Está acostumbrado 
a las huellas 
que graban en su árida piel 
los tacos
de botas militares y las orugas 
de tanquetas y carros de combate.

El polvo del camino 
—impasible y estéril—
está acostumbrado
también a otras huellas,
las de pies mal calzados arrastrándose, 
pesarosos, hacia el exilio
impuesto con la voz del fusil.

El polvo del camino,
que todo lo sabe y todo lo calla,
fiel a su costumbre,
rehúsa hablar del humo de las bombas
y de los niños rotos como sus juguetes.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Lorenza II, retrato de una niña palestina", Sandra València

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domingo, 12 de noviembre de 2017

CUANDO...


Cuando
ya no estemos juntos,

cuando
sobre mis hombros
sienta el calor de otro abrazo,

cuando
sea otra boca
la que a mi boca se acerque,

cuando
el aliento de Céfiro
brame enfurecido
desde latitudes remotas,

y rechine
—encendida—
la crujía de mi pecho,

echarás a faltar
las amapolas de mis labios
sin censura,

y la mirada cándida y enamorada
con la que yo te veía.

(Mayte Llera,  Dalianegra)

 Pintura de Magda Vacariu

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jueves, 2 de noviembre de 2017

LOS AÑOS


 Los años se nos echan encima
como los balcones de una casa en ruinas,
desgajados de la trabazón de su arquitectura.

Se nos van con ellos
el brillo de las flores y su rocío temprano.
Se nos van, también, los ojos cándidos y crédulos,
cediéndonos la suplencia de la cautela.

Los años se nos echan encima,
y antes que ellos
fueron los meses, las semanas,
los días, las horas…

Apenas nos percatamos de su paso,
caminan con tal sigilo
que solo vemos el rastro
que dejan impreso sobre la arcilla tierna.

Los segundos son sus gemelos miniaturizados,
avanzan en fila india, como los patos,
sin perder de vista el horizonte.
Nunca miran atrás,
jamás ansían retroceder sobre sus huellas,
son lobos incapaces de torcer el cuello
que devoran todo cuanto encuentran.

Los años se nos echan encima,
y blanquear los muros no lo enmienda,
¿qué hacer
para no perder la virtud de la lozanía,
para no consumirse en las arrugas
quemando el aceite de los recuerdos? 

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Susana y los viejos" (1610), Artemisia Gentileschi. 
Castillo Weissenstein, Pommersfelden, Alemania


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