miércoles, 31 de diciembre de 2014

UN BESO BAJO EL MUÉRDAGO

Te besaré, alma mía, como nunca
te hayan besado,
bajo un ramo de plata
verde y entretejido
de nácares, prendido en el dosel
del mismo cielo.

Te besaré, alma mía,
bajo la secular magia del muérdago.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Romeo y Julieta" (1870), Ford Madox Brown (1821-1893)

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sábado, 27 de diciembre de 2014

NO VIVO EN MANDERLEY

A Richie Soto,
amigo de irreprochable discreción



No vivo en Manderley,
ni soy la marioneta ninguneada por el espectro
de Rebeca De Winter
y su ama de llaves Mrs. Danvers
(que se pasa las horas evocando
los días de vino y rosas
entre sábanas revueltas,
mientras afila hoja de faca).

Tampoco soy la exquisita anfitriona
de esa mansión, insubordinada al viento,
que se yergue
en la distinguida ciudad de Ramos Mejía,
en tu Buenos Aires querido.

Sólo soy
una mujer sencilla,
una mujer del pueblo llano,
humilde y modesta
—pero nunca mansa—,
insumisa
ante la imposición,
ante el dictado ajeno,
ante el adoctrinamiento que conduce
al totalitarismo.
Una mujer del montón, como tantas otras,
que no se tiene por menos ni por más
que cualquier otra,
pero a la que no le pudre
el corazón la neutralidad
para ganarse una posición cómoda.
Una que se suma a las causas perdidas,
a las de los que no tienen voz,
o a las de los que, teniéndola,
nunca es escuchada,
aunque eso suponga
recibir el azote de los victimarios.
Una que, sin ser orgullosa ni arrogante,
sin envanecerse,
siempre lleva la frente muy alta,
no sólo porque las penas
—que haberlas, las hubo y muchas—
no la araron de sal como a Cartago,
y aún la luce tersa,
sino también
porque su propia conciencia
nada le reclama.

No vivo en Manderley
(¡ni quiero!),
vivo herida por la vida, como
el herido al que cantara Miguel,
y como él, como ese árbol talado,
retoño.

Mayte Dalianegra

Pintura:"Retrato de Wally Toscanini" (1925), Alberto Martini

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Música: "Edge of a revolution", Nickelback

miércoles, 24 de diciembre de 2014

EN UNA NOCHE COMO ÉSTA

Da igual quién
haya nacido
en una noche como ésta,
porque en noches como ésta
eclosionaron desde la humilde violeta
al orgulloso narciso.

No importa su naturaleza,
ni importa tampoco
si en verdad fue eso o aquello,
si en verdad existió,
o si fue mito engendrado
de leyenda;
si nació tal día,
o si fue cualquier otro,
si nació en tal o cual paraje,
o si su progenie fue esa o aquella.

Da igual quién fuese,
o cómo fuese,
lo que importa
—lo que de verdad importa—
es que en una noche como ésta
—aunque sólo sea un breve intervalo—
se olvidan rencores
y mezquindades cotidianas,
nos reunimos en torno al hogar,
y entonces recuperamos el fuego.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Alleluia” (1896), Thomas Cooper Gotch

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Música: "Aleluya" (El Mesías), George Frideric Händel

viernes, 19 de diciembre de 2014

UN BURKA

Un burka es una sombra,
el trasunto textil
de un ser humano
avergonzado —por la fuerza—
de su feminidad.
Tras esa urdimbre y esa trama
—que desafían las coordenadas cartesianas—,
se bosqueja la medianoche del khol,
escudriñando la vastedad de la vida,
como si del mismo cosmos
—oscuro e insondable— se tratase,
y todas las estrellas
—por unanimidad— se hubiesen estrellado.

Un burka es la tapia
de un jardín secreto
que jamás desvela sus aromas.
Vedados los impetuosos claveles,
vedados los edulcorados jazmines,
no hay efluvio sustancioso
—en ese vergel
cautivo—
que evoque más que a la nada.

Un burka son los oídos
cuando se escuchan
ausencias,
y lo que se oye
se sume en amnesia voluntaria;
y son también
unos labios apresados entre el barrote
del hilo
—pétalos de sal y hielo—,
que van perdiendo los nombres,
las voces, los alfabetos, los alientos
sostenidos entre nubes de suspiros,
por no poder pronunciar la palabra.

Mayte Dalianegra

Ilustración de Jean Michel Benier para su libro "Les chants de Moheera", 2005

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Música: "Just a girl", No Doubt


jueves, 18 de diciembre de 2014

domingo, 14 de diciembre de 2014

NO VUELVAS A DECIRME


No vuelvas a decirme que soy cruel,
no vuelvas a envolverme entre la bruma
de crespones de tul ennegrecidos
por el humo de antorchas encendidas.

No vuelvas a acusarme de estulticia,
de ignorar tantas leyes que me aplicas,
que la noche se clava en mis costillas
como faca de filo bien curvado.

No vuelvas a mirarme con desidia,
ni a eyectarme a los ojos el hirviente
fuego encolerizado de tu ira,
que soy violeta lacia, violentada
por la siniestra faz de una agonía.

Mayte Dalianegra

Pintura de Henry Meynell Rheam

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Música: "Mein teil", Rammstein

jueves, 11 de diciembre de 2014

SE EXTINGUE LA MADRUGADA

Se extingue la madrugada
como la estrella moribunda
que es, clavando el azul
—profundo y eléctrico—
de su luz mortecina, en el vacío
de un cosmos
que de insondable
se quedó ciego y sordo
a toda realidad
que no sea la rutina.

La nostalgia
la tejen las arañas,
o puede que sea una melaza que se nos pega
a las alas, pues el sueño de otro vuelo
espera ansioso a cruzar
el puente de las horas cenicientas
 —salvar esa distancia—,
y que un arcoíris de neones
nos palpite nuevamente.

Mayte Dalianegra

Pintura:"La gran oruga azul", José Luis Muñoz

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Música:"Into the night", Carlos Santana y Chad Kroeger (vocalista de Nickelback)

miércoles, 10 de diciembre de 2014

ÉCHAME

Échame
la culpa de escucharte
cuando por los caminos
que trazan tus labios
cabalga un jinete altivo.

Échame
sobre la espalda
—obviando temor alguno a reventarme—
la carga pesada y acre de tu bilis.

Échame
lebreles y galgos —veloces dardos—
atravesando la distancia
 álgida y umbría.

Mayte Dalianegra

Pintura: “El maestro negro de perros de caza”, Jean León Gérôme
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Música: "Ich will", Rammstein

lunes, 8 de diciembre de 2014

LLEGA EL OTOÑO

Llega el otoño,
con su voz cobriza,
consumiendo las hojas
en las arboledas.

Llegan las luces pálidas,
los breves atardeceres
de plata y de oro,
los vientos que amenazan,
con furia tan siniestra
como obstinada,
las lágrimas —ya no furtivas—
de la lluvia fría,
y el corazón que late,
lamiendo con codicia
la fronda de perdidas primaveras.

Añoro los hijos que no tuve,
y por añorar,
hasta los paraísos
que nunca vieron mis ojos,
y que posiblemente ya nunca verán.

Añoro también las margaritas,
siempre risueñas,
desbordadas de inocencia,
la lozanía de las rosas
—desnudas ahora de pétalos—,
y el perfume ambiguo
del heno
que niquela la luna estival.

Llega el otoño,
vistiendo de plomo las mañanas,
y abriendo la puerta
a la esperanza de un futuro verdor.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Abetos rojos en otoño” (1889), Vincent Van Gogh. Museo Kröller Müller, Otterlo, Holanda
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Música: "If today was your last day", Nickelback

martes, 25 de noviembre de 2014

ÉXODO

A la génesis  mexica

Aztlán,
la isla
—un anillo lacustre la abraza—,
es un blanco embrión palpitante,
epicentro de útero acuático,
una garza de albura vibrando
en el eco amniótico de la luna,
un paraíso bucólico donde no clama
el ritual del sacrificio.

Ténoch
guía pies con cascabeles de ayoyote,
caminan sin descanso,
caminan sin volverse.

Su Arcadia perdura
en la memoria de la serpiente,
en la memoria del jaguar.

Lejos,
en el horizonte infinito,
espera el águila sobre el nopal.

Mayte Dalianegra

Pintura: detalle del mural “La gran Tenochtitlán” (1945), Diego Rivera. Palacio Nacional, Ciudad de México
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Música prehispánica, "México Tenochtitlán/ Aztlán", Antonio Zepeda

sábado, 22 de noviembre de 2014

EN LA TRINCHERA

Se amarra la tormenta con nudo gordiano
de metralla y bombas
—tornados segando mieses maduras—,
y un trueno de obuses, la voz del mortero,
el silbido delgado del venablo veloz
o de la saeta desbocada por resorte de ballesta,
truecan el silencio en fragor de llantos.

El carcaj del odio surte con sus flechas
las manos más diestras, las manos siniestras,
y allí en la trinchera, tras de la alambrada,
agoniza entre los crespones
de una madrugada que ya no amanece,
un embrión de vida.

Son esas trincheras donde anida el odio,
bocas de una tierra que engulle a los hombres,
vulvas de una tierra que aborta a sus hijos.

Ya los comandantes y los almirantes,
y los generales,
ostentan galones de oro ajeno.

Calados los yelmos y las bayonetas,
ya prestos adargas y escudos,
el curvo alfanje,
la plúmbea tizona,
la lanza, la maza, la daga, el gladio,
ya todos los hierros.

Ya valga el pillaje,
cabalgue la muerte
sobre una montura de osamenta y cráneo.

Allí en la trinchera se acuesta el soldado,
mas no acude el sueño a sus ojos grises,
sólo espera avizorante y yerto,
con el miedo dentro del cañón de su fusil.

Mayte Dalianegra

Pintura: "Over the top" ("Sobre lo alto"), 1918, John Nash
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Música:"Ohne dich", con imágenes de la película "Stalingrad", Rammstein

miércoles, 19 de noviembre de 2014

INTERPELACIONES SOBRE LA DAMA CON PERRITO DEL PONTORMO O QUIZÁS DEL BRONZINO


¿Qué fue de aquella dama ungida de prebendas,
del rojo terciopelo que en bucles abrigaba 
el mármol de su abrazo? ¿Qué fue de su mirada,
perdida en la agonía de un tiempo que se escapa,
de un mundo que ya expira? ¿Y del lustre escarlata
que arrebolaba labios y encendía mejillas?

¿Qué fue de su bondad, del gesto mayestático
apresado en la urdimbre y en la trama del lino,
cautivo en los estratos de óleo y aguarrás?

¿Qué fue de su perrito, mascota diminuta
descansando en regazo de mimo, de ternura?
¿Qué fue de aquel pelaje de suave, dócil rizo?

El arte nos devuelve la imagen de una época
que nunca conocimos; trae la fina pátina
del color que persiste anclado a su estertor.
No ven nuestras pupilas el brillo de otros ojos,
no ven su alma serena, si acaso su apariencia,
viviendo en la mirada de aquél que fue un espejo.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Retrato de dama de rojo con perrito” (1532 -33) Jacopo Carrucci (Pontormo) o tal vez de su discípulo Bronzino. Städelsches Kunstinstitut, Frankfurt

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Música: "Adoramus te", Giovanni Pierluigi da Palestrina

viernes, 14 de noviembre de 2014

EL VIOLÍN DE LA TARDE

Recuérdame
cuando blancas, negras y corcheas
expiren
bajo el arco de un violín
que gima con cada nota.

Hazlo también
cuando tus dedos se hundan
en el diáfano fluir
de un manantial
dispuesto a calmar la sed
de una tierra agostada
por falta de compasión,
cuando tus yemas dibujen ondas
quebrando el fresco espejo del agua,
y cuando tus ojos
se queden prendidos
en el terciopelo púrpura
de unos pétalos
que tremolen al viento
como banderas del país del verano,
como promesas de labios
que esperen reconfortarte con sus besos.

Recuérdame en la calma de la tarde,
con la brisa templándote las sienes,
y enjúgate las lágrimas,
ahógalas en la vergüenza
del desamparo,
o bébelas a sorbos pequeños,
muy pequeños,
menudos,
como mis pasos alejándose.

Mayte Dalianegra

Fotografía: "Le violon d'Ingres" ("El violín de Ingres"), 1924, Man Ray
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Música: "Special needs", Placebo

jueves, 6 de noviembre de 2014

OTOÑO

Las flores de mi baranda
ya no requieren el agua,
muerto en la planta
el estío.

Otoño que has de venir
envuelto en crines de vientos de pegasos
macilentos por el discurrir del tiempo.

Otoño cautivo de ocres,
de tierras pardas,
cobrizas,
de brunos mantos lunares
que reflejan
en las aguas
turquesas y carmesíes
como frutas,
como gemas,
como joyas de oro y niebla
que pueblan una dehesa de rubios toros
ansiosos de embestir hasta tormentas.

Mayte Dalianegra

Pintura:“Perseo sobre Pegaso apresurándose al rescate de Andrómeda” (1896), Frederic Leighton

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Música: "September song" (Kurt Weill), Lotte Lenya

jueves, 9 de octubre de 2014

SORRENTO, CAPRI...

Sorrento…

Una sierpe sinuosa cerca
—con el acero azul de sus escamas—
la osamenta desnuda
de su acantilado.

Sorrento…

Una tortuga con caparazón de jade
—milenaria e inmóvil—
le hipnotiza la mirada,
y le besa la frente con rumor de caracola.

Capri…

los siglos enjugaron
las lágrimas inocentes
—vertidas sobre el vértigo
de sus farallones—,
silenciando los palacios del dolor.

Ahora se acuna la calma del verano
mientras el Tirreno —vibrante y cristalino—
arroba la pupila del viajero.

Mayte Dalianegra

Pintura: “The sea from Capri” (“El mar de Capri”), 1875, William Stanley Haseltine
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Música: "Just because", Jane's Addiction

martes, 16 de septiembre de 2014

NOCHE CÁLIDA

Noche cálida y dulce
de jazmines
llevas el verano en la palma
de tu mano,
el misterio en el azul de las sombras
proyectadas, la luz en una verbena
de estrellas fugaces.

Noche canicular
de madrugada perentoria,
te reflejas en ríos y lagos,
despliegas el velo del rocío
sobre el terciopelo de las rosas,
y conduces
—diestra auriga— el carro
escarlata de la calima.

Noche de plata, el fulgor nacarado
de esa luna
viene a enloquecerte la mirada.
No huyas de sus rayos poderosos,
ni del afán prensil de mis falanges,
no huyas de mi pecho y de mis yemas,
pues temerosa al fin de tu deliquio,
en las uñas llevo el rastro de tu estela,
arañada tu pulida piel argéntea.

No te vayas todavía, noche mía,
permite que me hunda en tus entrañas,
que goce, que recuerde,
que me quede con tu aire y con tu esencia.

Mayte Dalianegra

Pintura: "La ciudad de Marlow, a orillas del Támesis", Henry Pether (1830 - 1902)

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Música:"Reflektor", Arcade Fire

viernes, 22 de agosto de 2014

RECUERDO

Recuerdo aquellos sacrificios,
pequeños y vacuos,
que día a día
ejecutaban su danza ritual
sobre mi escritorio.

Aquellos torbellinos
de emociones banales
que me ponían el suspiro entre los dientes,
que me apretaban los pechos,
que hallaban cobijo
en la humedad de mis muslos
y en mis ojos de gacela.

Los recuerdo.

Y a ti con ellos, aun cuando me haya
olvidado de tus rasgos,
y te halles perdido
entre unas sábanas que ahora son de niebla.

No sé si tu piel
era atezada, o bajo tu nuca
nacía la alborada. Tampoco
sé si gustabas de un café, o de fumar
un cigarrillo después.
Nunca estuve allí, nunca después,
todo se desvanecía tras la vaharada.

Te recuerdo.

Aunque dude del color de tus cabellos
y del de tus pupilas,
y no sepa ya sobre los centímetros
que se interponían entre tu frente y el suelo.

Puede que te confunda con otro,
quizá seas, en verdad, otro,
alguien que siendo distinto,
siempre sea el mismo.

Mayte Dalianegra

Pintura: "Pasión" (detalle), Alberto Pancorbo
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domingo, 3 de agosto de 2014

TODO ME RECUERDA A TI


Todo me recuerda a ti:
las tardes grises amenazantes de lluvia
—como aquélla en la que hallaste
cobijo entre mis muslos—;
las nubes que se desplazan
hacia donde muere el sol;
el gorjeo de un jilguero que anuncia la promesa
de la floración tras el estertor del hielo...

Todo me recuerda a ti:
las chispas que cabriolean desde la lumbre
de unos ojos
que acaban de conocer el amor,
y las manos
que se enredan  —con fervor de hiedra—
a un torso, al talle desnudo de una mujer.

Todo me recuerda
el calor del primer beso,
que descendió hasta alcanzarme los labios,
el palpitar de mis entrañas
al sentir la turbulencia
de tu invasión, y mis gemidos,
y tu voz.

Todo me recuerda a ti,
desde el olor a salitre
de un batiente donde se quiebran las olas,
hasta el sabor amargo y dulce
de la savia de la higuera. Todo.

(Mayte Dalianegra)

Pintura de Pino Giuseppe Dangelico 
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MIENTRAS DUERMES

Mientras duermes,
sumergido entre brumas,
el veloz cometa del deseo
te cruza las órbitas,
cautivas bajo esa clausura de luces
y realidades
que la penumbra provoca.

Mil y una tentaciones
asaltan tus ojos marinos,
mil y una fantasías de faunos,
centauros, ninfas, lamias
y otras criaturas de libido generosa.

Mientras duermes,
esas mariposas que sientes aletear
dentro del estómago
cuando estás conmigo,
se nutren de raíces de mandrágora
hasta sucumbir a la narcosis.

Ellas no pueden elegir,
tú tampoco,
te has convertido en un esclavo,
y tus sueños imponen
su dominio incorpóreo.

Mayte Dalianegra

Pintura:”Sueño de amor”, Alberto Pancorbo
Safe Creative #1202281214599

Música: "Once upon a dream", Lana del Rey

lunes, 21 de julio de 2014

AHÍ ESTÁS (FRIDA KAHLO)

Ahí estás, envuelta en sedas de Oriente.
Tus pechos
son frutas melosas
(de esa selva ignota, jugosa y cálida,
que es la primera juventud)
sojuzgando el escote de un kimono.

Ahí estás, lozana mestiza
de razas tan distintas como distantes,
de razas invictas de extinciones
que rebrotan en tu carne morena y firme.

Ahí estás, con la aguerrida canana
abrazándote la cadera como la serpiente bíblica
abrazara a Eva.

Al cuello llevas el jade primigenio
nacido de pluma de quetzal,
¡cuán robustas esas cuentas
pendiendo de hilo tan frágil!
tu sangre zapoteca borbotea,
y ni siquiera las pétreas ajorcas
pueden contenerte el pulso,
mas no temblarán tus muñecas
al oprimir el percutor, te sabes hija
de una era revolucionaria,
y no importan tu cojera
ni ese corsé cuyas cinchas
tatúan tu piel de sufrimiento.

Ahí estás, reverberando libertad,
agasajada por el viento manumiso
de una época de cambios y conjuras.
Libre aun cuando traicionada.

Ahí estás, Frida Kahlo,
empuñando un revólver
que el presente ha puesto en tus manos
(de una forma tan ficticia como ilícita)
para salvarte de la perfidia de las bocas.

Ahí estás, cejijunta y ambigua,
escrutándonos
desde la brevedad de un instante apresado
por el obturador de una cámara.

Ahí estás, profetizando (sapiente sibila)
el alcance de las miradas otrora
futuras, ésas que disminuyen, cada vez más,
la holgada travesía del tiempo y sus centurias.

Mayte Dalianegra

Ilustración: fotografía antigua de Frida Kahlo con retoque digita.

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Música: "Labios compartidos", Maná

sábado, 12 de julio de 2014

SERÉ


Seré aquello que tu corazón anhela:
lluvia primaveral consagrando
los campos y las flores
a alguna divinidad silvestre,
brisa canicular seduciendo
la madreperla de las olas
de un océano tan verde como calmo
o torrente fresco,
arracimado de júbilo,
en espera de la caricia de tu piel.

También seré tormenta de arena
batiendo con violencia los postigos,
batiendo con violencia nuestros pechos,
enajenando manos,
llenando las bocas de estrellas
y arrancándoles tórridas sinfonías
a los clavicordios.

Seré trigales abrasados por el fuego
del verano, arrozales húmedos
que baña el metal blanco de la luna
y hojarasca
que fecunda los claroscuros
que dona el otoño.

Seré mariposa, luciérnaga,
libélula con alas de cristal emplomado,
sirena de aguas salobres,
ninfa de dulces aguas,
quizá princesa de cuento,
tal vez dama con unicornio por mascota,
nieves de un confín del Himalaya,
arbotante de templo gótico
o factura impagada de la luz de un frío
invierno, porfiando en cobrarse
el adeudo en tu carne y en tus besos.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Challenge" (Desafío), 1950, Juan Medina. Colección privada

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jueves, 10 de julio de 2014

A ROXELANA, LA SULTANA ROSSA

La media luna, la luna creciente,
brilla como jugoso gajo de fruta
 escarchado
en el azúcar de la noche
de Estambul
(hecho ya delicia turca),
mientras llama a oración
 el almuecín.

La salmodia se expande
entre la bruma,
entre aromas
de jazmín y de azahar.

Brillan también las esmeraldas
del turbante del sultán bajo las cúpulas
del infinito Serrallo
(donde suspiran cautivos
domesticados, abrazados al silencio,
y el duelo se enseñorea).

Entre odaliscas y eunucos se abre paso
Roxelana,
favorita del harén,
la sultana pelirroja,
la de aliento
de clavel y pupilas de heliotropo.

De sus horadados lóbulos penden
dos zarcillos de oro.
Dos rosas lleva en los pechos
(arrulladas por un sedoso caftán),
dos pezones
como dagas victoriosas,
como regios cetros,
como halcones que,
emboscados, acechan.

Mayte Dalianegra

Pintura: "La gran odalisca" (1814), Dominique Ingres
Safe Creative #1101208302558


Este poema está dedicado a la figura histórica de Alexandra Anastasia Lisowska, llamada Hürrem en la corte de Estambul, y en occidente Roxelana, Roxelane, Roxolana, Rosselana, Rossa o Ruziak,  esposa principal o sultana valide del sultán otomano Suleimán el Magnífico  (s. XVI).

Acompaña al poema el vídeo “Ask-i-Hürrem” (El amor de Hürrem), del que el vídeo presenta "La primera danza del harén",  del compositor y músico turco, especializado en música de fusión o “new age”, Can Atilla, dedicado a esta mujer cuya memoria trascendió las barreras del tiempo.





Pintura: “Roxelana, la Sultana Rossa”. Artista veneciano anónimo del s. XVIII

viernes, 27 de junio de 2014

ALHAMBRA

La brisa atrae allí el frescor del aire,
la brisa languidece, el aire sana,
el cielo de cristal allí muestra maravillas
que en la página de la belleza escritas quedan

(Poema epigráfico labrado en los estucos de la Alhambra)

De atalaya en atalaya te diviso,
alcazaba roja,
encumbrada medina cortesana,
yeserías que el viento cincela
en filigrana con su aliento.

De atalaya en atalaya te diviso,
majestuosa Alhambra.

Una acequia sinuosa riega
la fecunda almunia,
los fragantes jazmines abrazan
los troncos de los granados persas.

Torre de la Vela, defiéndeme
de la belleza extrema.
Torre de Comares, hiéreme con la simetría
de tu patio de verdes arrayanes.

Jardín nazarí,
jardín velado
en polígono de fauces leoninas,
custodias de poder salomónico.

La sangre abencerraje
tiñe de aljófares bermejos
—de rubíes relumbrantes— la modesta
taza de un surtidor
marmóreo,
y un eco plañidero
pende del nido
de golondrina de un mocárabe.

Ay, Torre de las Damas, que te miras
en el espejo argénteo
de una alberca sosegada,
tú, que dominaste las aguas
de una alfaguara insolente,
no permitas que olvide
tus aromas de azahares,
de melisa,
menta y cantueso,
ni las glicinias que cuelgan, voluptuosas,
arracimadas, de tus recios muros de almagre.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Patio de los arrayanes de la Alhambra de Granada”, George Owen Apperley

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Música:"Recuerdos de la Alhambra", Francisco de Tárrega 
(interpretado por Ana Vidovic, con guitarra española clásica)

jueves, 19 de junio de 2014

LA NUBE


La nube, en su liviandad,
cuando observa —desde su excelsa atalaya—
la arena del desierto interminable,
no imprime huella alguna
sobre ella.

Mas cuando besa —con labios mórbidos
y húmedos—
los mismos granos dorados
que alfombran
la vasta playa, aguijonea con fuerza
horadando su tersura,
imprecando a cuarzos y feldespatos,
carcomiendo el áureo satén
de ese puzzle de partículas.

La nube, en su sutileza,
pierde las formas etéreas, se licúa,
se vierte sola, más aún,
se precipita de maneras sulfurosas:
con dentelladas al aire,
con carcajadas al viento,
y se extrema y se disuelve

como se disuelve
el tiempo cuando te siento tan lejos.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Vista de Delft" (1661), Johannes Vermeer
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Música:"Counting stars", One Republic

jueves, 12 de junio de 2014

ISOLDA


La luna es una perla
que nace cada noche engastada en tus poros.
La noche nace de los mechones oscuros
que festonean tu frente.
El día nace del cordón umbilical
que te unce al amor.

Isolda
de alabastro,
de caracola,
de nácar.

Isolda
de manos tiernas,
mansas como racimos de palomas,
blancas como pétalos de nieve.

Descargan sobre la tierra nubes de lágrimas,
las vierten tus ojos saturados de pérdida.
Es lluvia baldía que anegará los campos,
infecundos ya bajo la tormenta.

Así es la vida en su proceder habitual,
los amores verdaderos a menudo se malogran,
ora en nebulosas de imposibles,
ora frente a la realidad del mundo.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “La bella Isolda” (1862), Anthony Frederick Sandys


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Música:"Preludio de la muerte de Isolda" (Tristán e Isolda) Richard Wagner. 
Chicago Symphony Orchestra, dirigida por Georg Solti

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