sábado, 12 de septiembre de 2015

A ESO DE LA MEDIANOCHE

A eso de la medianoche,
entre las doce y la una,
no extravío zapatitos de cristal
ni afilo caninos
ansiosos de yugulares tiernas,
pues las campanas tocan a rebato
ante un viento alisio
que propaga el fuego de mis sueños,
un ciclón tropical que me sopla ráfagas de susurros,
y me cautiva con su eco colgado de un abismo
que antes sólo escuchaba silencio.

En esa hora precaria de luces
no lamento mi ceguera,
pues alumbra la llama de tu voz
 desvelando auroras boreales
dormidas bajo mis párpados apretados de tinieblas,
y el negro se vuelve azul, verde, amarillo, rojo;
y mi piel se vuelve templo,
santuario para tus manos torcaces,
patria para tus labios de manglar voraz.

A eso de la medianoche
tu aliento florece entre las tupidas selvas,
y soy pantera en la fronda
—acechando el latido de tus vísceras—,
y gacela asustadiza bajo los claros de luna.

En esa hora de sombras zarpa tu buque de guerra
combatiendo, impetuoso,
los embates de mis olas,
calafateando su proa con sal y savia marina,
y enarbolando
—finalmente—
una paz blanca de espuma.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Voluptas”, Franz von Lenbach (1836 – 1904)

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jueves, 3 de septiembre de 2015

ADÓNDE

Los astados —con su imponente
fuerza motriz—
han derribado la valla,
han devorado el sembrado.

Del arbusto
que antes crecía con vigor,
queda una raíz desnuda
—descarnada hasta la médula—
contemplando la indigencia de su reflejo
en un charco.

¿Adónde los tiempos felices,
adónde?

¿Adónde aquel amor poderoso
que hincaba mis rodillas
ante la divina llama de su altar?


¿Adónde va el río
que en el mar de mi agitación
halla su delta?

Los toros van y vuelven
—rubios como el ámbar del otoño—,
clavando las pezuñas
en la hierba
jugosa,
a un trote ufano y raudo
que devasta la dehesa.

¿Adónde van los toros,
adónde
las tormentas?

¿Adónde va la luz
cuando la noche
alza el vuelo con sus alas de cuervo?

¿Adónde van mis manos ahora
que están yertas?

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Castaños”, Walter Zuluaga

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