viernes, 3 de junio de 2016

LA PLAYA


El mar estaba frente a mí,
besando, amoroso,
la arena de la playa.
Era un mar calmo,
un espejo turquesa del lienzo del cielo.

Las olas no batían su fiereza
contra la escarpadura de los acantilados,
pues nada impugnaba la placidez 
de las horas.
Nada, tampoco, 
hacía presagiar temporal alguno,
ningún atisbo de oscuridad,
ningún augurio,
ninguna pitonisa irritada con el destino;
si acaso una leve conjetura
sin fundamento apenas,
una duda, un titubeo…

Y allá en el horizonte
se yergue la tormenta
con su hélice adversa y sombría,
arrancando del oleaje
un fragor pelágico.

Cegada por los vientos,
me alejo de esa arena antes preñada de oros.
Regreso a la oquedad umbrosa de la roca,
vuelvo a mi soledad,
a ser nuevamente mía.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Con tiara de violetas y peplo azafranado", John William Godward

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jueves, 28 de abril de 2016

CARACOLA


Baila en tus pupilas
una luna llena
que con su aura a ras de suelo
te lame los muslos
de arena y revela un bajío rojo.

Me miras
como el coral que ansía la transparencia
y requieres de mí
carne suave de caracola,
escarchada de sal,
ebria de espuma, con un mar palpitando
en sus volutas, para en esas olas
aliviar tu boca de su hambruna.
Jugosa y suculenta,
enciende en tu lengua una rabiosa llama
cuando la rastrea con brisa curtida
bajo el sol del trópico.

Ondulante, concéntrico,
un rumor ciego atraviesa manglares
hasta blandir el exiguo filo del gemido.

(Mayte Dalianegra)

Pintura de Kathrin Longhurst

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sábado, 2 de abril de 2016

NO DEJES


La mañana olía a hierba fresca
y a nubes argentadas;
la tarde, a la inquietud juvenil
de la primera vez.

Pasó el tiempo.

Pasó más tiempo aún.
A menudo estamparon sus huellas
los pasos sigilosos del silencio,
otras veces lo hicieron las palabras
frente a frente.

Llegó el presente como todo llega,
como el pasado llega a futuro
transitando por esa calzada de rodadas sin retorno,
donde los tiempos
son lo que su nombre indica
sólo porque les ponemos nombre.

Y hoy,
hoy no dejes que me olvide
de tus mares,
de los puertos que tus vientos horadaron
en el oro pálido de mis mieses,
en el trigo que se arquea inmolándose
sin tregua.

No dejes,
no permitas,
no visites capillas ardientes ni asistas a funerales,
que no hay óbito que lamentar,
que no hay pérdida,
sino encuentro.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Beso", Tomasz Rut

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martes, 15 de marzo de 2016

LA CASA


La casa está vacía sin ti,
y un viento cargado de arena
silabea tu nombre
instigándolo a pasar por las rendijas.

La casa ahora padece la frialdad de los finados
y emerge en mitad de un lago salino,
como una aparición difusa
cuajada en el humo.

La casa te echa de menos,
la noche se espesa cegando los astros,
y la niebla esculpe mi perfil de Eva
con su lengua húmeda.

La casa te aguarda
—con paciencia de leona—
sumida en el silencio de la nieve;
es el inventario de un museo de inviernos
en espera del crujido de la cancela,

¡y cómo añora las pálidas corolas
y los próvidos frutos del manzano…!

(Mayte Dalianegra)

Pintura de Boris Dragojevic

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sábado, 6 de febrero de 2016

TODO O NADA


Aut Caesar aut nihil
(Cesare Borgia)

Si mi amor es un raudal
de burbujeante lava,
no me sirve tu cariño
comedido y espartano.

Si mi amor traspasa poros
de paredes y ventanas,
si atraviesa las ciudades,
los valles y las montañas,
no me basta la mitad
que tu corazón me ofrece,
porque yo lo quiero todo,
tiene que ser todo o nada.

Una ambición desmedida
se me abriga en las entrañas,
una ambición de tus besos,
de tu calor, de tu espalda.

Si mi amor es una nube
que pasa y descarga agua,
necesito un fuego intenso,
un ardor que inunde el alba
de pertrechada sonrisa
y de luz entreverada.

Si el dolor rompe los cabos
que me ataban a tu cama,
no me ayudan tus palabras,
porque yo lo quiero todo,
tiene que ser todo o nada.

(Mayte Dalianegra)

Pintura de Claire Bridges


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domingo, 29 de noviembre de 2015

DE LUCES Y DE SOMBRAS

En una temblorosa malla
de luces centelleantes
—reflejadas por los espejos de las sombras—
se tamizaba el trigo del verano.
Allí crepitaba la lumbre
que encendía tus ojos
y tu avidez por explorar
los mundos que mi piel confinaba
en el claustro de sus pliegues.

Pasados los años,
aún relumbran fulgores,
todavía un sol nos navega por venas y arterias,
abriendo los surcos de un placer
que desgarra la noche en sus mansas bóvedas.

Todavía esas luces se buscan
y entregan el anillo fogoso de un eclipse,
como dádiva que el amor consagra
en memoria de la juventud.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Forest beauty” (“Hermosa foresta”), 2010, Scott Burdick

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domingo, 22 de noviembre de 2015

AYER FUE AMOR

Ayer fue amor,
ímpetu volcánico,
besos enredando las nubes 
con la estela dulce de las madreselvas,
abrazos como nudos gordianos;
hoy, la languidez de un silencio gris
enfriando la luz.

Cuánto madrugó esa tibieza
que convirtió en fugaz 
la llamarada, amortajando con cenizas
el plumaje de nuestras alas.

¿Qué hacer 
para retener en nuestras bocas
el aire de los pulmones del otro?,
¿cómo ensogarnos a su mástil 
para sortear el oleaje
que nos empuja hacia la lontananza?

¿Qué hacer 
para conseguir
la mirada del otro, 
la sonrisa del otro,
la palabra del otro?

El amor hiere más que las balas,
horada el corazón
y luego escupe los despojos.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "La Dama de Shalott" (1888), John William Waterhouse, Tate Britain, Londres

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lunes, 26 de octubre de 2015

TE BUSCABA

Te buscaba
en la larga sombra del ciprés
que escuda de la fiereza del verano
y en el arrullo de paloma
del mar calmo que lame la arena
con su lengua de cristal.

Te buscaba
y extravié mis pasos por caminos
de retorcida espina,
y vadeé ríos y escalé montañas
hasta que la noche me cubrió con su capa
de paño áspero,
y mis pies sangraron su desaliento.

Me hallaba perdida en el eco sordo
de mi confusión
y te seguía buscando,
con el necio empeño de encontrar tus huellas,
más allá de donde el horizonte
pierde su línea.

Qué ceguera, de luz ebria de distancias,
saqueó mis días,
mientras mis manos llevaban las uvas
que las tuyas habían vendimiado antes.

Qué ceguera enturbió mis ojos
hasta quemarlos,
hasta dejarlos rebosantes tras su deshielo;
mas esa agua no rebajará el recio sabor de tu vino,
que guía mis labios como las estrellas guían,
año tras año, el reencuentro con la primavera.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “El matrimonio Arnolfini” (1434), Jan van Eyck. National Gallery, Londres

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viernes, 9 de octubre de 2015

REGRESO

Regreso a casa
acariciando, con yemas dulces,
las espigas 
que la tierra nutre de sol
en la profundidad de su útero.

Regreso a casa:
el gesto cansado,
la piel de una Ariadna dormida
cegando los poros,
y el tiempo 
(ese atleta de infatigables músculos, 
ese rodamiento permanente y elástico)
estrechando el círculo de la memoria
como un grillete de acero,
como una corona de hojalata
—sin gemas ni valor alguno—
ceñida sobre la frente de la náyade Lete.

Tal vez sólo haya transcurrido un segundo,
tal vez, un eón,
mas qué importa,
pues hoy regreso a casa,
 al reino celeste de tus ojos.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Ariadna" (1898), John William Waterhouse

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sábado, 12 de septiembre de 2015

A ESO DE LA MEDIANOCHE

A eso de la medianoche,
entre las doce y la una,
no extravío zapatitos de cristal
ni afilo caninos
ansiosos de yugulares tiernas,
pues las campanas tocan a rebato
ante un viento alisio
que propaga el fuego de mis sueños,
un ciclón tropical que me sopla ráfagas de susurros,
y me cautiva con su eco colgado de un abismo
que antes sólo escuchaba silencio.

En esa hora precaria de luces
no lamento mi ceguera,
pues alumbra la llama de tu voz
 desvelando auroras boreales
dormidas bajo mis párpados apretados de tinieblas,
y el negro se vuelve azul, verde, amarillo, rojo;
y mi piel se vuelve templo,
santuario para tus manos torcaces,
patria para tus labios de manglar voraz.

A eso de la medianoche
tu aliento florece entre las tupidas selvas,
y soy pantera en la fronda
—acechando el latido de tus vísceras—,
y gacela asustadiza bajo los claros de luna.

En esa hora de sombras zarpa tu buque de guerra
combatiendo, impetuoso,
los embates de mis olas,
calafateando su proa con sal y savia marina,
y enarbolando
—finalmente—
una paz blanca de espuma.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Voluptas”, Franz von Lenbach (1836 – 1904)

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jueves, 3 de septiembre de 2015

ADÓNDE

Los astados —con su imponente
fuerza motriz—
han derribado la valla,
han devorado el sembrado.

Del arbusto
que antes crecía con vigor,
queda una raíz desnuda
—descarnada hasta la médula—
contemplando la indigencia de su reflejo
en un charco.

¿Adónde los tiempos felices,
adónde?

¿Adónde aquel amor poderoso
que hincaba mis rodillas
ante la divina llama de su altar?


¿Adónde va el río
que en el mar de mi agitación
halla su delta?

Los toros van y vuelven
—rubios como el ámbar del otoño—,
clavando las pezuñas
en la hierba
jugosa,
a un trote ufano y raudo
que devasta la dehesa.

¿Adónde van los toros,
adónde
las tormentas?

¿Adónde va la luz
cuando la noche
alza el vuelo con sus alas de cuervo?

¿Adónde van mis manos ahora
que están yertas?

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Castaños”, Walter Zuluaga

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domingo, 23 de agosto de 2015

MUJER DE ÉBANO

Mírate, eres espiga de sorgo 
crecida bajo el fuego vertical de la canícula, 
toda tú construida de materia solar,
esculpidos en bronce tu musculatura,
tus tendones y cartílagos.

Eres astro que calienta 
el orbe tropical sobre las copas de los baobabs, 
pecho que amamanta la hierba de la sabana
donde galopa en libertad la cebra 
de piel marcada con barrotes.
Mírate y, como ella, 
desbócate en carrera, abre tu jaula
y despliega unas alas huérfanas 
de amos y señores,
pues eres
una princesa kushita de Meroe,
una faraona del antiguo Egipto,
 una diosa nubia.

Eres la reina de Saba 
y la de África también 
—coronada tu alta frente de selvas 
y de manglares, de estruendosas cataratas,
rodeada tu ancha cadera de dunas 
y de oasis, de sombreados palmerales—,
tus manos son cetros que rigen 
la tierra roja donde medra la mandioca.

Mírate, Oshun, con tus vibrantes cascabeles,
amorosa dueña de las pepitas de oro 
que duermen su sueño dócil en los meandros,
fértil orishá, venus morena,
toda tú África, 
toda tú mujer y diosa y madre 
y rica y pobre.

Mírate, mujer de ébano,
el orgullo de tu estirpe te asiste.

(Mayte Dalianegra)

Dibujo de Sara Golish

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sábado, 1 de agosto de 2015

SUS OJOS ERAN VERDES (silva)

A Alexa Wilding,
 una de las modelos prerrafaelitas
de Rossetti

Sus ojos eran verdes, de marina
calma en un día gris,
fraguaban las pupilas
aquellas ocasiones encantadas
que en el lecho pasara,
tendida sobre hollín,
soñando que él la amaba.

Sus ojos eran verdes, de marina
con un brillo de plata,
los labios de naranja, la sonrisa
perdida en pleamares de utopías,
y atada con un lazo, la melena
cobriza, azafranada.

Su nuca era una perla
nacida en una valva,
¿acaso era Afrodita
o solo era una dama?
Sus ojos eran verdes, de marina,
no creo que importara.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Il Ramoscello” (1865), Dante Gabriel Rossetti, Fogg Art Museum, Harvard University, Massachussetts, United States
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lunes, 27 de julio de 2015

LA PRIMERA PIEDRA


Soy como la primera piedra
formada con la sal
que rezumaba un corazón herido.

Fue un grano
de arena que después acrecentó
su morfología confinada entre aristas.
Fue roca menuda y luego montaña,

y eso soy,
no ya promontorio o colina,
no ya cerro,
montaña soy.

Aquí me elevo y, desde mi cumbre
nimbada por los vientos,
ya sólo diviso el sol.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Valle del molino, Amalfi" (1871), William Stanley Haseltine

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domingo, 12 de julio de 2015

MANIFIESTO


Aun reconociéndome lega
en los horizontes
que el día vislumbra al aflorar,
sé que pertenezco al vulgo
—esas gentes corrientes
cuyos rostros se desdibujan
bajo nombres anónimos.

Les pertenezco de la misma manera
que las estrellas lejanas
pertenecen al firmamento
—esas estrellas que proyectan una luz temblorosa
emitida en un remoto pretérito—. Y al igual que ellas
subordinaron su pálpito embrionario a la noche,
me constituyo
parte de la muchedumbre,
una parte ínfima,
insignificante y prescindible;
modesta como el grano de arena
necesario para conformar las dunas de los desiertos,
y las playas orladas
con la puntilla de espuma de las olas.

Mayte Dalianegra

Pintura de Enrique Florido Bernils
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