miércoles, 29 de diciembre de 2021

TÚ, QUE ERES SILENCIO


A ti, que me lees
Tú, que eres silencio
cuando vuelan mis palabras
—palomas de alas verbales—,
tú, que eres incensario
exhalando nubes balsámicas
—sigiloso vapor,
gas reposado en alquitara
de solsticios y equinoccios—,
tú, que quiebras espejos de soledades
y adivinas en mis poros
la huella de los misterios,
tú, que me habitas,
que me tomas el corazón
para alojar el germen de la esperanza,
no abandones el tejido de mi ser
a la glotonería de buitres y chacales,
no permitas que mis manos yazcan yermas
sin flores para ofrendarte,
ni mis labios se deserticen
de cantos para ofrecerte,
pues soy savia y saliva,
manantial fresco
donde calmar tu sed, 
donde colmar tu paz.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Pavonia", Frederic Leighton
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domingo, 26 de diciembre de 2021

LA SONRISA


La sonrisa me acecha en la boca
cada vez que me acerco a ver
tu semblante sin ojos ni labios
ni nariz, ni cejas siquiera,
rostro de papel en blanco,
traza de humo que se va por esa chimenea
que es la compañía
y caldea el ambiente gélido 
de una soledad compartida,
de esa soledad nacida con nuestra carne
para morir con ella.

Eres faro alumbrando mi noche
y a buen puerto me guías,
al del amanecer de una florida primavera
engalanando de color mis balcones
o al de un día de verano
con inquietos delfines
cabrioleando sobre las olas.

Aquí vengo,
a encontrarme contigo una vez más,
a elevar las comisuras de los labios y entreabrirlos 
para que la gozosa comitiva de una verbena 
se abra paso 
y ocupe mi antes inexpugnable castillo.

(Mayte Dalianegra)

Pintura de Rolf Armstrong (1889 – 1960)
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lunes, 13 de diciembre de 2021

MARRAKECH


Marrakech, 
doncella de piel rosada.
Ciñe tu vientre de odalisca
un cinturón de murallas
pergeñadas por el mismo Dédalo.

Tu medina es un velo diáfano 
atravesado por el viento de un pasado
tan glorioso como esos alminares
que son lanzas hiriendo el cielo.

Derretidos los adobes de tu Plaza
por el fuego primigenio del sol
—bajo los pies de los cuentacuentos
y las panzas de las cobras que danzan airadas—,
refulges en el latón espejuelado
que labra el orfebre diestro
en el manejo del buril y del cincel.

Marrakech, 
doncella de piel rosada.
Pudorosa, 
te ocultas en la intimidad
de patios 
que son vergeles.
Riads 
que son oasis 
de frescura esmeraldina,
donde tintinea la música de unas fuentes
cuyas aguas se remansan en albercas,
arrullando a mariposas y libélulas.

Embalsaman el ambiente, 
con su aroma,
azahares de purísima esencia,
el meloso azúcar del jazmín,
el tomillo, la menta, la hierbabuena,
el almizcle hormonado, penetrante,
el cedro y el sándalo taraceados,
y las exóticas especias, que en tus zocos,
se entreveran con el gentío abigarrado.

Y más allá de tu ombligo, en el Guéliz,
entre muros de un azul profundo, abisal,
laten las entrañas de un edén feraz,
una cromática bengala envuelta 
en buganvillas y palmeras,
un paraíso idílico, 
de patrón humano,
de caleidoscópica evocación.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "La favorita", Léon-François Comerre


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jueves, 2 de diciembre de 2021

TU TRISTEZA Y LA MÍA

Tu tristeza y la mía
van de la mano,
van de la mano, niño,
entrelazadas.

Hundidas en un río
son dos guijarros,
son dos guijarros, niño,
son dos guijarros.

Tu tristeza y la mía
en fondo claro,
en el lecho vencidas
por un remanso,
tu tristeza, transida,
y mi tristeza,
sumida en llanto.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: “La metamorfosis de Narciso” (1937), Salvador Dalí

Música: "Shout" (tema de cabecera de la serie de TV "Romulus"), compuesta por Tears for Fears e interpretada por Elisa


sábado, 30 de octubre de 2021

VUELVO A TI


Vuelvo a ti 
como el salitre vuelve a la matriz de las olas, 
como la sombra regresa a la luz que la concibe,
como la memoria retorna al eje del tiempo.

Vuelvo aterida,
con mis pies lacerados por cardos,
con mis cuencas florecidas de amapolas,
con mis arterias calcinadas por el verbo de la noche.

Vuelvo ignorando
si más allá de la alambrada que cerca los confines
existe algo que no sea un valle ceniciento.

Vuelvo devastada 
por los incendios y necesitada del calor de un beso
sin sabor a humo.

Vuelvo con la esperanza 
de que la clemencia emprenda un viaje 
al centro de tu pecho.

Vuelvo para respirar 
el oxígeno que no ha sido devorado por el fuego

y quedarme contigo en la trinchera 
que aún conserva la humedad 
de la tierra y las raíces.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Lamia y el soldado" (1905), John William Waterhouse 


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sábado, 12 de diciembre de 2020

FELICIDAD

Felicidad es una palabra
que se articula con la boca muy abierta,
transformando la garganta en un arroyo cristalino
y elevando comisuras y agudos
con pulmones de soprano.
No es fácil pronunciarla, no,
cuesta vocalizar cada una de sus sílabas,
porque cualquier repentino enfriamiento
paraliza la laringe con un carámbano
que termina por ser estalactita,
y ni siquiera el ruiseñor,
trinando indiferente a las lindes
cercadas con alambre de púas,
puede servir de ejemplo.
Resulta trabajoso incluso deletrear
signos tan escogidos,
pues se encasquillan en los labios
antes de que la lengua pueda percutirlos.

Pero
a veces la fortuna acecha,
y aletean insectos fluorescentes
en medio de la noche circular que forma la pupila,
destellos encendidos de luciérnaga
virando del rojo al verde,
del calor de la risa a la armonía,
y entonces las cejas
se levantan y alzan vuelo, y son garzas solemnes,
detrás van las mejillas, ahuecando sus lomos,
los dientes, que relucen su precioso marfil,
y la barbilla, que gira en la bisagra del cuello,
inclinándose hacia arriba y hacia atrás,
como abriendo la tapa del cofre de un tesoro.

A veces la fortuna acecha,
emboscada tras el matorral y los barrotes,
izando su bandera con la voz
de un vértigo lujurioso y transparente.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Crepúsculo", Jared Joslin

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Música: "La felicidad", Pablo Milanés

 

viernes, 23 de octubre de 2020

ACTO DE CONTRICIÓN



Durante un tiempo habité
tu periferia,
tus extramuros.

Sabedor de mi éxodo,
me mirabas desde tu adarve
con un mutismo 
que manaba del azul de tus ojos,
arrancando el llanto
a las nubes.
Tus labios también secundaban
esa ofrenda al silencio,
incapaces siquiera de activar los músculos
que elevan las comisuras.

Todo lo vivido en aquella época
—lo que ambos vivimos—
fue semilla sembrada en tierra baldía.
Ninguno de mis besos
floreció en madreselva,
ninguna de mis caricias fructificó en otra piel.

Tras tanta oscuridad
al fin llegó
un albor luminoso,
un amanecer de soles cegadores
que disiparon las sombras calcinándolas,
un día en que me vi las cicatrices
y me percaté del error de mi diáspora,
comprendiendo entonces
lo hueca que estaba sin tu luz.

Arrepentida, enarbolé la bandera
de tu boca y su saliva.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Una chica griega", John William Godward

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viernes, 22 de mayo de 2020

EL AMOR QUE SIENTO POR TI

A Rafael

El amor que siento por ti
nació del áleph
cuya minúscula cifra
progresó en caracolas de fuego.
Fue un cigoto invisible
germinando en una vaina de crisálida
y, luego, una madeja de alas batiéndose
con suavidad de terciopelo.

Ofuscado, se enquistó en mi pecho,
y ahí se enconó su llama, afiebrándome.
Se enredó también en mis brazos y en mis piernas,
y su viento ululaba con el vértigo de la alondra,
y se mecía en mis venas como un pez sedoso
de agallas abiertas.

Pero ahora tiembla en mis mejillas
el pozo sobre el que se balancea y chapotea
una luna descolgada, y me turban las nubes
con bordes de acero.

No quiero que ningún arcángel
me expulse de tu carne sagrada.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "El beso" (1859), Francesco Hayez, Pinacoteca di Brera, Milán

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miércoles, 11 de marzo de 2020

ARIADNA A DIONISO


Eres pámpano jugoso y fresco,
rozagante de racimos.
Mis llagas cicatrizas
con tu savia,
y el penetrante azul del cielo
me redime con la perspectiva
de un nuevo horizonte.

Atrás quedan los amores 
vencidos por las sábanas, los destierros,
las islas deshabitadas y el sabor salado 
de las lágrimas.

Atrás quedan recuerdos
para servir de alimento a la hoguera;
aquí y ahora: tú,
con tu aliento de uva madura
endulzándome la garganta,
y yo, con la cintura ceñida de esperanzas.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: “Baco y Ariadna” (1523), Tiziano Vecellio, National Gallery, Londres
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jueves, 6 de febrero de 2020

MI LAMENTO DE ARIADNA


Ahora sé que yo era el lastre
que te  impedía navegar,
la rémora que contrarrestaba el empuje del viento
y deshinchaba tus velas,
por eso, solo por eso y por nada más,
aprovechaste mi sueño
y el embeleso que me producía
tener por dosel un artesonado de estrellas.

Al despertar, solo el mar me acompañaba
con su vaivén cadencioso de danzarina de harén,
ya no pude divisar aparejos, ni proa, ni popa siquiera,
solamente la soledad sobre la arena.

Debí haber augurado tal final,
debí haber nacido Casandra y no Ariadna,
debí haber sido otra y no yo,
otra más cercana,
implantada en las células de tu piel,
compartida con tus íntimos secretos,
callada y oscura como ellos;
debí haber sido luna y no sol,
tinieblas y no luz,
silencio grave y no risas,
pero no lo fui y he aquí mi expiación.

¿Será este el lamento de Ariadna o será el canto del cisne?
Por si acaso, solo por si acaso y por nada más,
bruñiré el oro de mi copa,
no sea que se presente Dioniso,
coronado de parras y hiedras,
con un cántaro de buen vino.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Baco y Ariadna" (1578), Jacopo Comin (Robusti) Tintoretto. Palacio Ducal, Venecia

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lunes, 6 de enero de 2020

ARIADNA A TESEO


Extinta la llama de tu deseo,
consumida tu pasión
antes de que el fuego decline en ascuas,
me abandonas.

Quedo varada en una ignota playa
como sirena que ha perdido
el encanto de su garganta,
como ballena arrastrada por el peso de sus pesares,
por esa plomiza masa de llantos
que envuelven, 
como un sudario,
a quien siente el rechazo del que tanto ama.

Quedo aquí, 
custodiado mi sueño
por las oceladas fieras
hambrientas de mis entrañas,
sedientas del agua de mis lágrimas.

Quedo aquí, 
amor mío,
ansiando el giro de tu mirada,
esperando tu incierto regreso,
olvidada, sepultada en vida,
contemplando en el espejo de las aguas remansadas
mis cabellos encanecidos por el desánimo,
mis labios agrietados por la carencia de besos,
mi cuerpo deslavazado por el desconsuelo.

Quedo aquí, Teseo
—o como quiera que te llames ahora—,
invocándote y llorándote cual plañidera.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: “Ariadne” (1898), John William Waterhouse
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miércoles, 18 de diciembre de 2019

EL RÍO DE LA VIDA


Entre guijarros 
canta el río de la vida,
gorjea alegre 
y sus aguas despliegan alas de pájaro,
plumas líquidas 
entre el verdor agudo de la primavera.

Bisbisea en la canícula
con voz serena,
corean su salmodia
batracios y cigarras.

En el otoño
entona un aria, 
arrastrando en su boca la hojarasca seca.

Y en el invierno
el caudal desborda
su fría vena.
Ya no recuerda
las mañanas tibias, 
las tardes cálidas.
Ruge tembloroso
antes de encontrar la sal.

(Mayte Llera, "Dalianegra")

Pintura: Juegos divertidos (1889), Paul Émile Chabas

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miércoles, 27 de noviembre de 2019

EL RÍO (LA AMISTAD), soneto asonante


Nadamos en un río de aguas claras 
y en su fértil espuma y en sus ribas, 
bañaba el corazón sus alegrías, 
nadaban como peces nuestras almas. 

Navegaron las manos enlazadas, 
flotando iba la risa a la deriva, 
la voz de la confianza era la ondina 
que a las dos internaba en esas aguas. 

Pero a veces se cruzan las corrientes 
que manan de un subsuelo cenagoso, 
y el agua de cristal se vuelve negra. 

No pudimos nadar entre los lodos 
y, arrastradas, quedamos a la suerte 
de ver nuestra amistad yaciendo muerta.

(Mayte Llera, "Dalianegra")

Pintura: "Ofelia" (1852), John Everett Millais. Tate Britain, Londres

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miércoles, 6 de noviembre de 2019

KERKOUANE (TANIT)


La brisa salina
perfumaba las alas de una tarde
de velaje azul, como un zafiro,
con la pleamar rizando el oleaje.

Tanit parecía
trazada por una mano pueril,
esbozada con teselas de caracola
engastadas en un atrio milenario.
Su cuerpo triangular
soportó el tránsito de muchas vidas
que después
formaron parte de las nubes.

No puedo
estimar cuánto hace de aquello,
pues la mente es una alondra
revoloteando alocada
al imaginar la densidad de los siglos,
solo sé que ante mí
el mar era un cielo líquido,
y el misterio de Kerkouane,
teñido con la púrpura de sus múrices,
era un corazón latiendo
con el diapasón de las olas.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Dido construye Cartago" (1815), Joseph Mallord William Turner, National Gallery, Londres

Nota: Kerkouane, situado al noreste de Túnez, es un yacimiento arqueológico púnico, Patrimonio de la Humanidad, que se ha preservado sin modificaciones de épocas posteriores, y que conserva los enigmáticos baños que poseía cada vivienda, teñidos con la tintura púrpura obtenida del múrice, un molusco cuya extracción constituía la principal industria de la ciudad.
Las fotografías del yacimiento que se adjuntan son de mi autoría.


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sábado, 22 de junio de 2019

AMOR

Amor.
Esa palabra dormía
entre las paredes de mi corazón
como duerme el fruto 
en el cáliz de la flor.

Una mañana abrí los párpados
y pude dibujar sus sílabas 
en el horizonte.

Me pareció conocerla
desde mucho tiempo atrás,
me pareció que no me era ajena ni extraña,
me pareció que se pronunciaba
permitiendo que entrase una bocanada de aire
y consintiendo que saliese el mismo aire 
—vibrante y caliente—
a través del anillo de mis labios.

Me atreví a intentar articularla
con la voz madura del azúcar:
vocalizándola pausadamente, deteniéndome 
en su inicio y en su culmen,
acariciando la liviandad de sus alas.
Después lloré.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Crisálidas", Ricardo Celma

Música: "Le Temps de l'Amour", Françoise Hardy


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jueves, 30 de mayo de 2019

MÍA

La luz cobriza de la tarde
tensaba un arco de manos y distancias
en la atmósfera.

Todos los besos
sabían al vacío vibrante de mi boca,
todas las rosas
florecían entre mis muslos,
todos sus pétalos
surgían de las sinuosas curvas
de mis labios
y contenían un rubí rutilante,
una gema escarlata.

Aquella luz vespertina se fue,
los besos se imaginaron
durante el reposo nocturno.

Las estrellas mutaron sus hábitos
y se encerraron en mi aliento,
sentía sus brillos plateados,
sentía sus chisporroteos
entre mis dientes,
sentía sus afinadas voces
de clarinete, sus lenguaraces diálogos.

Entonces fui mía quizá por primera vez
—mía y solo mía—,
como si fuera de mí nada existiera.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura de Christian Gaillard

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Música: "Never tear us apart", INXS 

 

PÁJAROS


Hay pájaros 
verdes
como la bruma 
de las montañas de Guatemala,
aves de plumas tan largas y sedosas
que sólo pueden alzar el vuelo
en esos paraísos de selvas brillantes 
como esmeraldas.

Hay pájaros 
que levantan sus voces
y alcanzan los cielos,
que cortan el aire
con los afilados cuchillos
de sus gargantas, y pájaros 
que sólo pían
y saltan graciosos entre las ramas.

Pájaros hay 
de todo tipo:
amarillos, pardos, azules,
con pecheras rojas 
o de crestas coronados.

Pájaros hay 
también de guerra,
que llevan la fiereza en el tajo de la pupila
y tambores bajo las alas.

Y los hay 
que sobrevuelan el nido ajeno
deslizando 
sus siniestros planeos entre las sombras,
deslizando 
el silencio entre sus picos.

Son aves de rapiña 
aguzando instintos, con el botín 
en el punto de mira.

Urracas y azores cenicientos
afanados en el hurto del reluciente 
metal de la palabra.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Pareja de quetzales en Tikal", Carlos Alberto González da Silva

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miércoles, 15 de mayo de 2019

NO DIGO NO SI QUIERO DECIR SÍ


No digo no
si quiero decir sí,
porque cuando digo no
se cierran los portones de mis labios
y el puente levadizo de mi lengua,
y una torre almenada
se erige sobre el solar
de mi boca.

Allí, la palabra aguerrida
—hincando su rodilla—
es hábil ballestera.

Allí, en ese perol carnal,
hierve el aceite
que será mortal cascada
vertiéndose matacanes abajo,

y no hay catapulta ni almajaneque
que derriben mis muros,
ni ariete que me cambie el adverbio.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "La belle dame sans merci", Frank Dicksee

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viernes, 10 de mayo de 2019

PERMANENCIA


Nada permanece en este mundo breve,
el mar es una boca engullendo ríos y rocas,
y la vida es yesca consumida
por un fuego voraz.

Pero si en alguna parte
—no sé si más allá de las estrellas—
la raíz de algo sobrevive,
será entonces lágrima,
fruto de la alegría
por su luz gestada entre las sombras,
por su destino de horas infinitas.

Si algo permanece —si no muere—,
será el amor por los que quisimos,
y quizá vuelva,
como vuelve el mar
rugiendo en una caracola.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "The shell" (La caracola), 1871, William Adolphe Bougereau

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jueves, 9 de mayo de 2019

NADA (CÉSAR BORGIA)


Príncipe,
tu espada 
—templada en la línea del horizonte
donde el cielo y el infierno
se acoplan lujuriosos—
es un rayo homicida 
que grita su vértigo,
el eje de una tempestad
que arrasa vergeles,
una fértil materia
que gesta el dolor.
Su metal sediento
te mantiene a horcajadas,
Gran Confaloniero, Duque Valentino.

Los idus de marzo
galopan veloces
hasta La Barranca Salada. Aventajan tres días. 
Tu máscara de cuero cae
y, entonces, un destello en el acero muestra: 
“O César o nada”.

(Mayte Llera, "Dalianegra")

Pintura: "Retrato de César Borgia" (s. XVI), Altobello Melone. Academia Carrara, Bérgamo, Italia

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miércoles, 24 de abril de 2019

TODAVÍA FLOREZCO


Pese a todo,
pese a tanto,
todavía florezco
en primavera,
cuando los ranúnculos, 
con su piel charolada, 
motean los prados como copos de sol;
los mismos prados que en otro tiempo 
acogieron nuestros cuerpos ansiosos
y fueron madres tibias e indulgentes,
y fueron esponjosos lechos.

Todavía reconozco las mismas estrellas
que engarzaban sus auras centelleantes
en el agua de nuestros ojos,
fundiendo en ellos la reluciente esfera de la noche 
y propiciando el sabor lento de los besos.

Pienso entonces en cómo serían ahora mis días
de no haber tenido conmigo
la firmeza de tus manos,
la determinación de su pulso,
que me sostuvo, con su cable de acero,
para impedir
que una última hebra de humo 
perdiera el cabo que me ataba a la hoguera.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Primavera", Franz Winterhalter

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sábado, 6 de abril de 2019

TÚ Y TUS PERICOS

Tú y tus pericos multicolores,
tus monos negros,
tus gatos igualmente negros,
la cervatilla asaeteada,
como un San Sebastián silvestre
entonando una elegía por sí misma
(por ti misma),
por el inmenso dolor que te laceraba
por dentro,
por fuera.

Tú y tus pericos tornasolados,
el yugo de tus cejas unciéndote los ojos,
tu bigotito ambiguo, 
tu pierna flaca de poliomielitis,
los largos vestidos
de tehuana y los pantalones para disimularla,
los corsés de escayola
—como aquel adornado con la hoz
y el martillo—,
a veces el otro con cinchas de acero,
las cicatrices,
el matrimonio
que te pintaba lágrimas
por otras que él amaba,
las lágrimas por otras y otros
que también amaste tú, 
y por los hijos perdidos
y por la cirugía
y por las amputaciones…

El corcel brioso
de la risa saltando una barrera
de tarde en tarde,
las caricias cómplices con Tina Modotti,
los besos clandestinos con León Trotski,
los viajes al norte,
la vuelta al jardín de tu Casa Azul,
a su pirámide de estuco,
a sus ídolos hieráticos de factura milenaria,
al cielo de espejo de tu cama,
al óleo que ya era sangre de tus venas,
a los pinceles que ya eran falanges de tus dedos,
a las ajorcas de jade que arrullaban tus muñecas,
a los collares huicholes de turquesas y corales,
al arcoíris de raso que enjaezaba tus trenzas,

al huipil que sería tu mortaja
mientras Diego te lloraba, a ti, Frida,
que en vida fuiste su sombra
y, ahora, muerta, nos deslumbras. 


(Mayte Llera, Dalianegra)


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Imágenes de cuadros de Frida Kahlo ("Yo y mis pericos", 1941, "Autorretrato con monos", "Autorretrato con collar de espinas y colibrí", "La pequeña cervatilla", 1946), y fotos mías posando en el jardín de la Casa Azul (casa natal de Frida Kahlo en Coyoacán, México D. F.)