viernes, 20 de marzo de 2015

AZAR

Nunca
tus garras anhelaron
hincarse en mi carne tierna,
ni tu mirada de águila
me tuvo
nunca
por presa.

Presa de amor
tampoco me rendí, nada besó
tus plantas,
como no fueran las hojas del caduco plátano.

No hallaba mi pensamiento
más razón para ansiar
tu compañía, que la compañía misma,
que una amistad de cancela abierta.

Y un día,
un día cualquiera,
con paso decidido,
franqueaste el vano de aquella puerta
y dejaste atrás cartas escritas en el aire,
confidencias hilvanadas
en el cordón umbilical de la confianza.

Te fuiste
sin despedida, con un rictus
de solapada traición soldado
a las comisuras de los labios.

Te fuiste
por azar, aturdido por un espejismo
de ese vasto desierto que es tu vida.
Te fuiste
por la misma carambola
por la que un día,
un día cualquiera
 —esa vez con las maletas
cargadas de algo
parecido a la esperanza—, llegaste a mí.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "El rapto de Ganimedes" (1611-12), Peter Paul Rubens, Palacio Schwarzenberg de Viena

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